Buscaba una relación sencilla sin demasiadas ataduras y buscaba también una habitación tranquilita para alquilar. Encontré lo primero cuando le conocí y, charlando un día, me comentó que andaba buscando una compañera de piso que se encargara un poco de las tareas de la casa y de cuidar del perro puesto que él entre semana apenas estaba en casa por cuestiones de trabajo. Y no sé si es que esos días hubo una especial conjunción de los astros o es que dios estaba de buen humor pero lo cierto es que mis dos búsquedas se encontraron en el espacio-tiempo y se hizo la luz.

Las tareas de la casa que, en teoría, deberían ser cosa de servidora se reparten equitativamente entre ambos. La única obligación real que tengo es la de pasear al perro cuando él no está en casa. No me deja ni regar las plantas porque dice que le relaja. Y yo, a cambio, tengo dos habitaciones para mí solita por el módico precio de 0 euros mensuales, que no gasta una ni en comida.
Y encima es majo, culto, agradable, respetuoso, atractivo, deportista (está en mejor forma que yo, el jodío), no fuma, apenas bebe y, mejor aún, capaz de follarme 5 veces por día (ya, a mí también me pareció muy heavy, más aún con la edad que tiene el chaval, ya sabemos por qué a la mayoría de los viejos no se les levanta, cuando dios hizo el reparto de las erecciones él estaba en primerita fila y se las agenció todas toditas todas).
Y así pasamos los días... cocinamos, paseamos al perro, follamos, yo estudio, él me da conciertos de guitarra eléctrica mientras yo le hago de groupie, volvemos a follar, volvemos a pasear al perro, ponemos a Pink Floyd a todo volumen, follamos de vuelta... Días redondos que los llaman.

Lo mejor de esta relación es que no hay preguntas, no hay exigencias, no hay dobleces, no hay dramas mejicanos de Buñuel como decía la canción. Hay libertad, cariño, sinceridad, comunicación, un respeto mutuo que raya la desmesura y confianza, mucha confianza.
De hecho hoy estaba de tan buen humor, que le dije que este finde me piraba por ahí y que se podía traer a casa a quien le viniera en gana, que iban a estar más cómodos con la casa para ellos solos. El hombre ha alucinado un poco pero se ha puesto contento jeje, pues eso, todos felices.
Es lo que ocurre cuando se juntan dos personas a las que la mayoría de las cosas de la vida les parecen maravillosas y casi todo les parece bien. Y "tu libertad empieza donde acaba la mía", decía mi madre.
Así que, al menos de momento, se aparca el bdsm hasta nueva orden. Lo dejaré para alguna que otra vez que me dedique al dulce arte del amor propio aunque, lo cierto, es que mucha falta no es que me haga en estos momentos precisamente jeje.
Y cada palo que aguante su vela... como decía el chiste aquél:
"-Cómo es que te veo tan bien?
-Será porque no discuto nunca.
-Venga ya, hombre, no puede ser por eso!
-Pues no será por eso..."