Dolor? Joder, qué gran palabra. Te refieres a los moretones que me quedaron por un par de semanas? De ese dolor es del que me estás hablando? Pero acaso sabes lo que es? Lo leíste en alguna enciclopedia? O viste algún documental sobre el tema? Qué se siente al conocerlo por primera vez?
Es curioso porque pensé que, al volver a hablar contigo, sentiría... no nostalgia, nunca llenaste el tarro con el suficiente cariño y respeto como para poder tenerla, pero sí quizás rabia, rencor, pena... pero no siento NADA. Jaja, fíjate que, aunque sea triste, sí es posible reírse.
Te da rabia, ya, y qué vas a hacer... pegarme? Otra vez? Jaja. No, no lo harás. Qué eres sin una fusta en la mano... como dijo Gioconda Belli "qué sos sino puño crispado y bala en la boca..." Ya no estás frente a una niña asustada, ya no hay nadie que acate tus órdenes, ya no tienes poder alguno, ya no eres nada, ya no eres nadie.
Te da rabia, ya, porque siempre te sentiste inferior y sí, estabas en lo cierto. Te da rabia, ya, porque te supiste y te sabes abocado y condenado al fracaso, porquw tú eres tu peor enemigo y sí, vuelves a estar en lo cierto.
De tu sentimiento de inferioridad deriva tu tu patológica y enfermiza inseguridad. Esa inseguridad te hace ser cobarde, hace que sientas miedo a que el resto del mundo lo descubra. Ese miedo te hace ser obsesivo, tus obsesiones rayan el TOC, y controlador, bajo la ingenua creencia de que de que si consigues tener bien atados todos los cabos tu autoridad nunca podrá verse menoscabada.
Por eso necesitas del bdsm, por eso necesitas dominar, lo utilizas a tu antojo como el modo más sencillo para reafirmarte. Dominando a alguien, a cualquiera con el único requisito de que se deje dominar, puesto que ni siquiera discriminas en cuanto a la elección de tu pareja, síntoma inequívoco de un comportamiento sexual enfermizo, sólo así te sientes fuerte y seguro al fin. Sólo consigues excitarte cuando puedes hacer a los demás lo que tanto temes que te hagan a ti mismo. Te enfrentas a la ansiedad de castración y usas el bdsm con la finalidad de que tu víctima termine por amarte a ti, a su agresor, y te perdone, para liberarte así de la culpa. Lo que tú llamas "amor" no es más que un sentimiento primitivo y narcisista.
Ni siquiera tendrás valor para enfrentarte a éste, mi humilde post. Tu política de "no ver" será más fuerte, como de costumbre. Te escudas bajo un nick de aquél que quisieras ser pero que no logras alcanzar. Por eso tardas una eternidad en escribir una frase en cualquier conversación vía ciberespacio, porque hacerse pasar por alguien que ni eres ni serás lleva su tiempo. No eres más que un fantasma oculto tras una identidad ficticia, tan ficticia como tu propia vida. Eres un faro que no alumbra, sino que ensombrece y oculta el camino. No eres más que carne de diván, un caso de cuadro clínico complejo desahuciado por los especialistas.
Nunca me apeteció volver a tocar este tema pero tu último mail donde me hablas, con arrogante condescendencia, sobre nostalgia, melancolía, sobre si fue o no la decisión correcta... eso sí que no, no te atrevas. No te atrevas a hablarme de decisiones acertadas o erróneas, no tienes ninguna autoridad ni mucho menos moral para ello.
La única decisión ciertamente errónea fue la de no denunciarte a la policía cuando ésta se presentó en casa, alertada por tus gritos y tus golpes, ya dijo el sabio que cuando la verdad fuera demasiado frágil como para defenderla con palabras se habría de pasar a las manos.
Es incluso gracioso el hecho de que intentaste humillare más, intentaste golpearme más, intentaste gritarme más fuera de las sesiones que dentro de las mismas. No mereces siquiera las letras que escribo, te confieren una importancia que ni tienes ni mereces, pero conviene que uno se mire al espejo al menos una vez en su vida, en 60 años ya te tocaba.
Era fácil arrastrarme por toda la casa cogida del cuello, verdad? Era fácil pegarle a alguien que estaba llorando, encogida en un rincón, muerta de miedo, verdad? Obviamente tenías más fuerza que yo. Fue fácil. Era fácil también gritarle a alguien que jamás te contestaba y, ni por asomo, osaba nunca alzarte la voz, verdad? Fue fácil. Era fácil hacer todo esto con aguien 30 años menor, verdad? Sí, lo cierto es que debió de resultarte muy sencillo.
También te resultó muy sencillo agachar la cabeza y poner voz de castrati cuando te amenazaron aquellos cinco policías. Es curioso porque ahí ya no se te veía tan fuerte, frente a tantos hombres.
Recuerdo que, durante la última agresión (digo la última y digo bien, hubieron muchas más anteriores, muchas más constantemente), mientras yo lloraba aterrorizada en el sofá, tú te fuiste a dormir tranquilamente. Obviamente mi llanto no te dejó conciliar el sueño y tu solución fue vaciarme un vaso de agua en la cabeza (un gesto muy maduro, por cierto) y volver a irte a la cama. No lo recuerdas? La memoria es una puta caprichosa. Yo sí lo recuerdo.
Ni siquiera tuviste la dignidad de no estar en casa a la mañana siguiente, como yo te supliqué, para poder recoger mis cosas tranquila. Tuviste que quedarte ahí para seguir demostrando quién mandaba y amenazarme e intentar sacarme de la habitación entre gritos y empujones. Hace falta ser muy rastrero, querido.
Recuerda siempre que la humillada nunca fui yo, fuiste tú quien se humilló a sí mismo con tu comportamiento mezquino.
No te usta lo que ves frente al espejo, verdad? No, a nadie le gustaría.
Te da rabia, ya, pero más rabia te dará cuando tengas 70 u 80 años y te des cuenta de que no eres más que un pobre viejo arrogante que, en su negligencia, se quedó solo creyendo saber mucho.
A mí ya no me da rabia, aunque tú única explicación fuera "como no lo entendías por las buenas, he tenido que explicártelo por las malas", aunque nunca te disculparas yo te perdono. Aunque al miedo le siguiera el odio y tras éste llegaran la lástima y la repugnancia, al fin llegó la indiferencia. Y, aunque me deje muchas cosas en el tintero, ya he dibujado una imagen de ti lo suficientemente nítida como para que sobren los detalles, no sea caso que recordártelo aún te sirva para masturbarte. Es triste, sí, es que tú mmismo eres triste. Tan sólo espero que el tiempo ejerza su papel inexorable de juez y que, cuando menos lo esperes. recojas lo que con tanto ahínco sembraste lo que, sin duda, llegará.
Bórrame de tu móvil, bórrame de tu messenger, bórrame de tu vida, tal y como ya he hecho yo y, si algún día nuestros caminos se cruzan en cualquier lugar, recuerda que no seré yo la que tendrá que agachar la cabeza.
ADIÓS.