dijous, 15 / maig / 2008

Ce cœur qui bat, trop fort...

Soy capaz de entender casi cualquier cosa, de comprender cualquier cosa por enrevesados que lleguen a ser los motivos que puedan llegar a causarla. Soy capaz, incluso, de perdonar cualquier cosa. Puedo presumir de no ser una persona rencorosa, llego a ser hasta condescendiente cuando ni siquiera corresponde. Pero, entre todos los dones que pueda o no atesorar, no se encuentra en ellos el de mirar para otro lado. El hacer como que algo no ha existido nunca, es una virtud o lo que quiera que sea que, ciertamente, no poseo. Y ni siquiera estoy segura de querer poseerla algún día. Así que, dominantes del mundo y gente en general, no me pidáis imposibles.


Como un día dijo algún sabio con mucha pluma, el que quiera entender, que entienda.

Microrrelato I

El cielo estaba gris, la luna cuarto menguante, los perros de la vecindad ladraban. Su mirada se cruzó contra una chaqueta de cuero y al fin se vio reflejada.


Invisible...

Invisible es que otros miren donde tú no estás. Frente a ella, por primera vez, miraban hacia el punto exacto en que se encontraba. No estaba atada, pero no conseguía mover un músculo. Ninguna mordaza oprimía sus labios pero no concebía razón para acallar al silencio más aún cuando éste la sumía en una apacible calma. La mirada baja, la correa que se ajustaba a su cuello aún tirante, las muñequeras y tobilleras relegadas a un rincón de la cama, aún por usar. Una orden... una orden...

La inseguridad que la atacaba antes de cada encuentro esta vez no había hecho mella en ella, en esta ocasión su voluntad era firme y se hallaba resuelta a cumplir con la voluntad del que ahora se atrevía a llamar Amo. En ocasiones vemos que algo se abalanza sobre alguien como un tren y no siempre podemos apartarnos de la vía... Una venda cubrió sus ojos e instantáneamente su mundo se redujo a una presencia. Ocurriera lo que ocurriera, ella sentía Su cercanía y Su apoyo.

-“Cama abajo a las doce.”

Como movida por un resorte, saltó sobre la cama y se colocó en aquella postura tantas veces ensayada frente al espejo. Piernas flexionadas, caderas arriba, espalda arqueada, cuello rozando las sábanas. Tenía años para jugar... y jugaba.

Algo rompió en el aire, reconoció el sonido de una fusta, aunque no supo discernir de cual de ellas se trataba. Sin previo aviso un tacto de cuero lamió la piel de sus nalgas, lo que le hizo emitir un gemido de sorpresa.

Logró articular un “Gracias, mi Amo.”, un murmullo lento y lleno de dulzura entremezclada con sinceridad. Intuyó una sonrisa.

Acto seguido le sobrevino una ráfaga de azotes que le sirvió para disipar las últimas dudas que la perseguían y la sumergió en un océano de gratitud.

Una mano firme sujetó su pie izquierdo mientras otra se dedicaba a enlazarlo junto con la tobillera que la acompañaba en la cama. Sin prisa y con una paciencia que ella no poseía, terminó por amarrar su tobillo derecho. Una palmada sirvió para que se recostara y permitiera que sus muñecas siguieran el mismo camino...

CONTINUARÁ... O NO...

dilluns, 12 / maig / 2008

Viva Thailandia

Ayer entré inocentemente al kiosco a hacerme con un ejemplar del Scientific American, estaba yo en uno de esos días en los que te preguntas por qué flotan las nubes y estas cosas, a algunas les da por comer chocolate y a mí me da por el Scientific American. A lo que iba, que en pleno arrebato de intelectualidad me puse a cotillear por las estanterías en busca de la revista de marras cuando me topé con una revista que regalaba unas bolas thailandesas. Ardua decisión... obviamente mandé a tomar viento la divulgación científica y me decanté por el sexo, que siempre es una apuesta segura.


Lo primero que se le viene a una a la mente cuando mira las bolas ésas es "esto no es muy largo?? que no me saldrá por la boca??" Una vez se me pasó el susto, llegué a dos conclusiones:

1) Las dos últimas bolas son sólo para valientes.
2) También sirven para hacer de majorette.

Cuando dejé de hacer el tonto con las bolas me puse a leer la revista. Primer artículo con el que me topo "Fantasías de sumisión". Anda que, por si no estaba aburrida ya del temita, pensé yo... Pasé un par de páginas adelante y "Diario de una Domina"... cagüen... Dejé la revista de las narices y encendí la tele. Como era de esperar en "Vidas anónimas", el reportaje de una Dominatrix profesional... Seré yo que estoy obsesionada con el tema oes que el BDSM está hasta en la sopa?!?! Dios... como me dijo un amigo inglés una vez "leave God out of this"...